Jorge Oller de Tribu Nazca Saatchi and Saatchi. 26 de Aug del 2008.
Cuando empecé en este negocio existía una maravillosa herramienta de planeación, ordenamiento y dirección que se llamaba el Marketing Plan, en mi perspectiva de agencia de publicidad, bajo la entera responsabilidad del cliente. No era un calendario, tampoco una lista de buenos deseos, no se improvisaba y más bien de él se exigía el más alto calibre, en proporción directa a la estatura profesional de quien lo gestaba. Ese era el plan de mercadeo, que en sus mejores ejemplos era profundamente inspirador y desafiante, como práctico y concreto. ¿Quién lo escondió?
En los 80s, los Gerentes de Mercadeo y sus Brand Managers aprendían a elaborar un plan completo, con los antecedentes de su marca y producto, información del mercado, objetivos concretos y las estrategias para lograrlos. Alcanzaban a definir las tácticas, establecían un calendario y asignaban presupuestos. En aquellas épocas doradas del profesional del marketing, las promociones ocupaban un lugar y un espacio, aunque jamás subordinaban la importancia de construir marcas. Se hacía investigación, a la antigua y se procuraba entender al consumidor con métodos cualitativos o también llamados, motivacionales.
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